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Juan Díaz Olmedo: malos y buenos tiempos de la Ciencia Ficción y el Terror

Háblanos sobre tus comienzos en el mundo de la escritura.

Siempre me encantó leer, pero fue la lectura de las memorias de Isaac Asimov lo que me animó a probar suerte escribiendo. Quizá por esto, durante un tiempo me animé con la ciencia ficción, aunque el descubrimiento de autores como Anne Rice y Clive Barker decantó finalmente mi balanza interior hacia la literatura de terror.

 ¿A qué se debe tu apuesta por la literatura de género?

A que es la literatura que leo. Sólo leo literatura de género y ensayos de no ficción. Sé que existe otra literatura “elitista” y que se considera superior a la literatura de género, pero no me interesa lo más mínimo.

Has participado en diversas antologías y revistas. Háblanos un poco de ellas.

Empecé a escribir relatos alentado por Elia Barceló, como una forma de experimentar con distintas voces y técnicas narrativas. Durante el proceso descubrí que era algo mucho más relajado y sencillo que escribir novelas, y que podía ser muy divertido. Una vez leí que el mejor formato para la ciencia ficción es la novela, para la fantasía la trilogía, y para el terror el relato, algo con lo que estoy bastante de acuerdo. De hecho, algunos de mis libros favoritos de terror, como  Arcano Trece de Pilar Pedraza o  Los Libros de la Sangre de Clive Barker son colecciones de relatos. Me encantaría poder publicar una colección con mis relatos, creo que podría ser mi mejor libro.

Como miembro fundador de Nocte, ¿qué opinas de la aceptación del género de terror y ciencia ficción en este país?

Son dos géneros muy distintos y que, en mi opinión, están viviendo momentos totalmente opuestos. La literatura de ciencia ficción, tanto en España como en el extranjero, parece llevar un tiempo en decadencia. Disparates estilísticos como las novelas de “inmersión total”, o tramas recurrentes (hasta la extenuación) sobre singularidades y derivados, así como un absurdo complejo de inferioridad con respecto a la literatura supuestamente “seria” o “generalista”, tienen la culpa. Y esto, sin dejar de ser paradójico, porque el éxito popular y mercantil de este género en medios como el cine o el cómic está más que contrastado. Por el contrario, la literatura de terror se encuentra en un momento excelente, con docenas de nuevos autores interesantes y enfoques novedosos. En España, el fenómeno de la literatura “Z” ayudó a eliminar cualquier complejo del lector a la hora de afrontar obras de género escritas por un compatriota. También confío en que la gran popularidad que vive actualmente el cine de terror español en el extranjero, ayude como punta de lanza y abra camino a todo lo que está por llegar. No me consta que exista ningún libro de ensayo titulado “Spanish Science Fiction” o “Spanish Fantasy”, pero sí que existen varios titulados “Spanish Horror”.

Tu primera novela fue Marionetas de sangre, editada en el año 2004, la cual ha recibido críticas de bastante consideración, ¿cómo fue el proceso creativo de Marionetas de sangre?

La idea original de la novela me vino a partir de un excelente documental británico titulado American Vampires en el que se describia la subcultura del vampirismo como patología psiquiátrica en Estados Unidos. Me pareció un mundo fascinante y bastante desconocido. Siempre he sido muy aficionado a los vampiros, y me atrajo mucho la posibilidad de narrar una historia de vampiros sin el componente sobrenatural, una historia que pudiera realmente ocurrir. Una trama clásica de la literatura vampírica, bastante en desuso últimamente, es la del enfermo deshauciado que busca en el vampirismo una salvación frente a la muerte. La unión de ambos enfoques dio pie al argumento de la novela.

Gracias a ella te han considerado máximo exponente del género bizarre-noir. ¿Cómo lo definirías?

La verdad es que al escribir Marionetas de Sangre todavía no se me habia ocurrido el término bizarre-noir, pero sí que conocía el Gran Guiñol de Oscar Métenier y me interesaba mucho esa vertiente del terror emparentada con la literatura negra en la que no existe el componente sobrenatural. Pienso que es un tipo de terror más propio de las culturas mediterráneas, en contraposición al cuento de miedo clásico anglosajón, que parte principalmente de historias de fantasmas. Así que definiría el bizarre-noir como una variedad de lo “gran-guiñolesco” en la que se relatan historias terroríficas o criminales sin componente sobrenatural y que hacen referencia a aspectos extraños, ocultos y desconocidos de la sociedad. Es la literatura negra de los “bichos raros” o la que resulta tan truculenta que, casi sin proponérselo, termina dando miedo.

Has tenido el honor de estar nominado a los premios Ignotus, entre otros, y en el año 2008 colaboraste en un libro solidario publicado por el Festival de Sitges. ¿Qué planes prevés para tu futuro literario?

Me gustaría poder hacer planes de futuro como escritor, pero es un mundo realmente difícil. Tengo muchísimo material inédito, y si sigo publicando al ritmo actual me temo que gran parte de él saldrá de forma póstuma, si es que llega a ver la luz del día. Así que, en la medida de lo posible, voy a centrarme en mover todo lo que me queda por publicar antes de ponerme a crear algo nuevo.

Cuando leí Zombi quedé prendada en buena parte de su alto contenido en crítica social, ¿es éste el germen creativo de la novela?

El germen creativo de mis historias son las historias en sí mismas. Eso no quiere decir que yo no tenga opiniones sobre la sociedad y que esas opiniones no puedan reflejarse en lo que escribo, es algo que le ocurre a cualquier escritor. Por ejemplo, en Zombi hay una crítica bastante dura a un fenómeno que me preocupa mucho como es el de las mal llamadas “terapias alternativas”, pero eso fue algo que surgió de forma orgánica al contar la historia, no es algo que me hubiera planteado desde el principio ni, por supuesto, el motivo por el que me puse a escribir.

¿Y la base para la creación de un personaje con la fuerza de Jezabel? ¿Qué inspiración tomaste?

Hay detalles de Jezabel que están extraidos de personas que conozco o de algunas personalidades públicas o artísticas, pero no puedo decir que exista alguien que haya inspirado en su totalidad la estructura del personaje. Principalmente fue un personaje que surgió poco a poco, de forma natural, por supuesto basándome en la situación emocional que imaginaba para alguien como Jezabel, que ha decidido vivir lo que le queda de vida del modo que desea. Podría decir que mientras escribía sobre su muerte, el personaje cobró vida y me indicó hacia dónde debía apuntar su historia.

Por último, háblanos de Ghoul, tu más reciente trabajo, publicado recientemente por la editorial Saco de Huesos.

Se trata de una historia de canibalismo, sexo y criaturas inmortales a la que le tengo especial cariño, ya que es la primera novela que escribí, hace casi veinte años. En su día alguien muy respetado en la literatura nacional de género me dijo que era una novela excelentemente escrita pero que no iba a publicarse nunca por ser demasiado fuerte y sangrienta. Me alegro mucho de que se equivocara. Por supuesto, la versión que se ha publicado de Ghoul es muy distinta a la que escribí originalmente. En este tiempo la he reescrito por completo casi dos veces, la segunda vez contando con el feedback de la gente de Saco de Huesos. Pese a las reescrituras, creo que conserva la esencia original, que como toda primera novela es principalmente una mezcla de todas las influencias que rodean al autor.

 

Carlos Pérez Merinero contra «casi» todo el mundo

Entrevista de nuestro compañero David G. Panadero en 2006 al escritor y guionista cinematográfico Carlos Pérez Merinero. Antihéroes, opiniones y memoria oral de un escritor irrepetible empeñado en ser él mismo, le pese a quien le pese.

Nibiru: de lo soñado a lo escrito

 

 

La fantasía ha sido siempre la médula ósea del arte narrativo, uno de los resortes más profundos, quizá el mayor pretexto (junto a la verdad) que puede llevar a alguien a desear contar una historia. Desde la antigüedad, lo fabuloso ha sabido rodearse de un nutrido grupo de seguidores, y su influencia sigue siendo igual de fuerte hoy en día. Un simple vistazo a la cartelera de los cines basta para constatar esta todopoderosa (y mercantilizada) presencia. Pero, si bien es cierto que la fantasía —puede que por su conexión directa con el mundo de los sueños— habla todos los idiomas artísticos habidos y por haber, es en la literatura donde encontró su vehículo primitivo más poderoso. En ella, desde los pliegos arquetípicos de la mitología, se paseó por todo tipo de terrores góticos, viajó hacia los refinados espacios de Lord Dunsany, a la fantasía antinormanda de J. R. R. Tolkien, a nuevos rincones en los que se vistió de una ciencia especulativa que supo llevarnos a la Luna en cuatro días, o imaginar la conquista de nuestro planeta por una horda de trípodes marcianos. Creció, maduró, se dignificó. Podemos decir que la literatura fantástica tomó la fantasmagoría desmadejada de antaño y supo empacarla en una fórmula sofisticada y bien definida, con voz propia, que fue servida luego en bandeja de plata a los devenires artísticos de la modernidad. Ediciones Vernacci no podía ignorar este milagro primigenio y su línea Nibiru será la encargada de explorarlo: cuento de hadas, ciencia ficción…Si pudo soñarse, pudo escribirse, si pudo escribirse, podremos encontrarlo.

 

 

Puño gris: lo que nos trajo Dupin

 

 

Es complicado estimar cuándo dio comienzo el estilo literario que conocemos como “policiaco”, aunque sí podemos aventurar que sus bases más populares fueron acuñadas por un triunvirato de autores que vieron en los sucesos recogidos por la prensa de su época —finales del siglo XIX y principios del XX—, el caldo de cultivo perfecto para la creación de un nuevo tipo de ficción, nuevo al menos en lo referente a su concepción. Edgard Allan Poe, Arthur Conan Doyle y Agatha Cristie abrieron la puerta a un universo de investigadores privados, enigmas, villanos y escenarios llenos de peligros. También abrieron camino a toda una horda de autores que a principios del siglo XX supieron dejar en la fórmula original su propia impronta, en algunos casos revestida de cierta sofisticación que nada o poco tenía que ver ya con el folletín detectivesco que había venido entreteniendo a los lectores hasta entonces. Esta hibridación fue más allá de la novela negra (cuyos personajes suelen ser moralmente más ambiguos que los del perfecto y maniqueo relato policial) y tomó múltiples direcciones. Ahora que los perdedores tenían voz, que un escenario podía ser tan imperfecto como la vida misma, las posibilidades narrativas se multiplicaron; en pleno auge del pulp, el idioma noir —simple, directo, mundano, realista— alimentó distintos subgéneros, como el hardboyled, pero fue también algunos pasos fue más allá y entró de lleno en géneros como el misterio, el terror o incluso la ciencia ficción. No es difícil percibir su huella en la obra de autores como Lovecraft, Howard o Hodgson, así como en multitud de autores actuales como King o Ketchum. La línea Puño gris, desea explorar esta amplia tela de araña que comenzara a tejer Dupin en la ya mítica Rue Morgue, y que a día de hoy continúa atrapando enormes y valiosas presas que deben ser conocidas. Tendremos pasado, tendremos futuro, tendremos noir, terror y misterio. Está permito fumar, y no necesariamente en pipa.

 

Completar un círculo: Crear una editorial

¿Cuándo nos conocimos?

 Vernacci es un nombre que comenzó a sonar por primera vez dentro de mi cabeza en el año 2008. Por aquel entonces apenas era el nombre bosquejado de un personaje perteneciente a una novela que estaba escribiendo; vomitando sería lo más correcto, porque aquella experiencia, que asocio a días de desconcierto y cierta oscuridad anímica, respondió más a una pulsión liberadora que a un proceso de escritura controlado. Aquel personaje recién llegado tomó las riendas de su propio nombre, de mi imaginación, y me narró sus extrañas aventuras mientras yo me balanceaba durante horas en un viejo columpio, cigarro en mano; o quizá fuese yo quien le narrase mi aventura mientras él filosofaba en su despacho salmanquino, rodeado de libros, discos de ópera y un intenso olor a tabaco curado. Quién sabe. Lo cierto es que aquellas charlas privadas con el profesor Vernacci –porque es profesor– dieron su fruto. En poco tiempo, la novela terminó de escribirse y tras posteriores correcciones y lecturas, relecturas y más correcciones, Viajeros del Picoteórico, como se llamó aquella crónica de una amistad invisible pero tangible, terminó guardada en un oscuro cajón. Algunos años después, sin embargo, saltó por la ventana y echó a correr con una preciosa encuadernación del color de las nubes. Fue un viaje modesto, aunque dejó tras de sí las huellas suficientes para ser recordado. Una de estas huellas es el magnífico complemento creativo que supuso la participación del pintor e ilustrador Antonio Hernández durante el par de meses que preparamos el libro para su publicación. Su talento consiguió que el resultado final superase el que las letras por sí solas merecían, pero también se hizo notar a niveles que trascendieron el proyecto. No era la primera vez que conversaba con Antonio, ya que además de amigo es pariente cercano, pero sí fue la primera vez que entablamos cierta comunión creativa que siguió retroalimentándose hasta el día de hoy y que nos ha conducido a toda clase de proyectos creativos, muchos de los cuales nada tienen que ver con el medio que nos permitió colaborar juntos por primera vez. Ahora, hemos decidido cerrar el círculo que empezamos con Viajeros del Picoteórico y dar forma a nuestro proyecto más ambicioso –y lógico, teniendo en cuenta nuestros inicios– hasta la fecha: una editorial. Como voraces lectores, nuestra imaginación ha perfilado innumerables planes para la preservación de antiguos títulos descatalogados o maltratados por las caprichosas circunstancias del mundo editorial, para la divulgación de nuevas obras y su armoniosa convivencia con lo viejo; se ha recreado con el intenso y fascinante proceso que convierte un manuscrito en libro, y nos ha retado –tentado– hasta el final. El viejo profesor ha vuelto a romper su silencio, su nombre se impone nuevamente y Ediciones Vernacci da el primer paso para existir.

 

Rafael Lindem

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